¡La CONDENA al FIGURÍN HERMANITO es un GOL por la ESCUADRA a SÁNCHEZ! .No1 - Trend Sphere
¡GOL POR TODA LA ESCUADRA! LUIS MARÍA PARDO CELEBRA LA CONDENA DEL HERMANÍSIMO: “ACUSACIONES POPULARES 2 – PEDRO SÁNCHEZ 0”
Hoy es un día para estar de enhorabuena de manera absoluta. Luis María Pardo, presidente de Justicia Europa y acusación popular en el juicio contra David Sánchez, no oculta su satisfacción. Hay una condena al hermano del presidente del Gobierno y a toda la estructura de la Diputación de Badajoz. Se ha metido un gol por toda la escuadra.
Las acusaciones populares han vuelto a poner en valor a la sociedad civil. En el caso de Justicia Europa, han demostrado que cuando la Fiscalía desaparece, alguien tiene que ejercer de Ministerio Fiscal. Y lo han hecho. Con profesionalidad, con contundencia y sin pedir permiso.

Hay que hacer una mención especial a la Unidad Central Operativa y a la Guardia Civil. Son los que están librando la verdadera batalla contra la corrupción. Con presiones, con amenazas, con sanciones. En un procedimiento donde se llegó a parar la instrucción cuando apareció el correo electrónico “Pedro Sánchez 1212”.
¿Quién es Pedro Sánchez 1212? ¿Por qué se detuvo la investigación en ese punto? Son preguntas que siguen en el aire, pero que la UCO y las acusaciones populares no dejaron que se diluyeran. Gracias a ellos hay sentencia condenatoria.
La sentencia hay que respetarla, guste o no guste, se esté de acuerdo o no. En eso consisten los contrapesos de una democracia que debería serlo de verdad. En España, desgraciadamente, se avanza en la dirección contraria. Pero hoy se ha impuesto el Estado de derecho.
Y nadie está hablando de la condena en costas a favor de las acusaciones populares. Es rarísimo. Super extraño. Normalmente no ocurre. Aquí se ha producido porque las acusaciones populares han ejercido de verdadero Ministerio Fiscal. La Fiscalía, una vez más, ha estado ausente. Como un fantasma.
El fantasma de la ópera de David Sánchez. Venía a democratizar la ópera y se ha llevado una condena de regalo. Mientras tanto, la maquinaria mediática del sanchismo intenta vender que se trata de una sentencia menor, de un panfleto administrativo, de haber ganado solo a los penaltis.
¿Cómo que a los penaltis? Se ha ganado con un Ministerio Fiscal ausente. Se ha ganado con presiones a la juez Viedma. Se ha ganado defendiendo a una magistrada que fue perseguida hasta la puerta del colegio de sus hijas. Se ha ganado gracias a la desunificación de las acusaciones populares.
Si las acusaciones hubieran ido unificadas bajo una sola sigla, las conclusiones habrían llevado probablemente a la absolución. David Sánchez ha sido condenado por prevaricación porque se planteó de forma separada y contundente que debía ser condenado por ese delito. Y así ha sido.

Respecto a la pena, se va a abrir el debate de barra de bar: que si no hay prisión, que si es poco. Son delitos de guante blanco. En España la corrupción política casi nunca pasa por la cárcel. La inhabilitación es la pena más habitual. Aquí se han impuesto nueve años. No es poco.
La gente quiere ver prisión, y es comprensible. Pero los delitos por los que se juzgaba a David Sánchez difícilmente acaban en cárcel con la legislación actual. Habrá que cambiar las reglas del juego para que el que se enchufa acabe entre rejas. Y eso, con los partidos del régimen del 78, no va a ser posible.
Hay que entrar en las instituciones para cambiar esas reglas. Mientras tanto, hay que poner en valor lo que se ha conseguido: una condena firme por prevaricación al hermano del presidente y a toda la estructura que lo hizo posible.
¿Por qué se ha probado la prevaricación y no el tráfico de influencias? Porque el tráfico de influencias es el delito típico español. El delito del enchufado. El más difícil de demostrar. Nadie graba la llamada en la que alguien dice: “Soy el presidente, enchufa a mi hermano”.
Es casi imposible disponer de esa prueba directa. Por eso hay que celebrar lo que sí se ha logrado. No se puede comprar el relato de la izquierda. No se puede comprar el relato de que los jueces son fachas. No se puede comprar el relato de que la condena es leve. No se puede comprar el relato de que van a recurrir y ya está.
Tenemos una cuestión que antes no teníamos: una condena al hermano del presidente del Gobierno y a toda la estructura de la Diputación. Acusaciones populares 2 – Pedro Sánchez 0. Un resultado que hace solo unos meses parecía imposible.

La despartidización de las instituciones del Estado, empezando por la Fiscalía, es un debate que España no puede seguir aplazando. Cuando las causas afectan al poder, la Fiscalía se esfuma. Las acusaciones populares se convierten entonces en el último dique de contención.
Justicia Europa no es solo una acusación popular. Es también un proyecto político que se presentará a las próximas elecciones generales. Porque la batalla contra la corrupción no se gana solo en los juzgados. Se gana también cambiando las reglas desde dentro.
Hoy se ha ganado un partido importante. No es la final. Queda mucho por jugar. Pero el marcador es claro. Y el gol ha entrado por toda la escuadra. La sociedad civil, la UCO y unas acusaciones populares desunificadas pero firmes han demostrado que, a veces, la justicia llega.
Aunque llegue tarde. Aunque llegue incompleta. Aunque no traiga prisión. Llega. Y esta vez ha llegado con nombre y apellidos: David Sánchez, condenado por prevaricación. Toda la estructura de la Diputación, señalada. Y un presidente que ve cómo el círculo se estrecha un poco más.
No hay que comprar ningún relato de derrota. Hay que mirar los hechos. Hay una sentencia. Hay costas a favor de quienes pelearon cuando la Fiscalía no estuvo. Hay una magistrada que resistió las presiones. Hay una Unidad Central Operativa que no se dejó intimidar. Y hay un país que, por un día, ha visto que el enchufe no siempre sale gratis.
Le Chèque de l'Honneur

Le soleil voilé de l'après-midi traversait les immenses baies vitrées du siège social de la maison Delacroix, éclairant le marbre sombre du grand couloir. Éléonore, directrice exécutive à la poigne de fer, s'avançait d'un pas d'acier, flanquée du jeune stagiaire Julien qui peinait à suivre son rythme.
Soudain, une silhouette dépareillée coupa leur trajectoire. Un vieil homme aux cheveux gris ébouriffés, vêtu d'une veste en toile élimée tachée de plâtre et de sciure, s'avançait avec une lenteur digne.
Éléonore s'arrêta net. Son visage se contracta d'un mépris immédiat face à cette présence qu'elle jugeait indésirable dans ces lieux de haute finance. Elle fit un pas en avant, leva une main autoritaire pour lui couper la route et déclara d'une voix glaciale :
« Les visites non autorisées sont interdites ici. Sortez. »
Le vieil homme ne cilla pas. Il ne baissa pas les yeux et ne recula d'aucun centimètre. Avec un calme olympien, il répondit simplement :
« Je ne suis pas venu pour demander l'aumône. »
Ignorant Éléonore, le charpentier plongea la main dans la poche intérieure de sa veste usée. Il en retira un papier blanc soigneusement plié en deux. Évitant le regard hautain de la directrice, il tendit directement le document au jeune stagiaire.
« Regarde ça, jeune homme », dit-il d'une voix posée.
Julien, hésitant, prit le papier et le déplia doucement. Ses yeux s'agrandirent sous le choc à la vue de l'en-tête et du filigrane officiel.
« C'est... la signature du Fondateur ? » murmura le jeune homme, la voix tremblante.
Folle de rage devant ce qu'elle considérait comme une insolence, Éléonore arracha brutalement le papier des mains du stagiaire.
« Donnez-moi ça ! Ne perdez pas votre temps avec cet homme ! » s'écria-t-elle en s'prépasant à le déchirer.

Mais alors que ses yeux se posaient sur le chèque en blanc, son geste se bloqua net. Son souffle s'arrêta. En bas à droite figurait la signature autographe, authentique et inestimable de Gabriel Delacroix, le fondateur disparu du groupe. Et dans la ligne réservée au motif, une écriture manuscrite familière était inscrite.
L'arrogance d'Éléonore s'évapora à cet instant précis, remplacée par une terreur absolue. Ses mains se mirent à trembler de manière incontrôlable.
« Ce chèque... C'est impossible... » balbutia-t-elle, le visage décomposé.
Le vieil homme la fixa alors droit dans les yeux, esquissant un léger sourire empreint d'une autorité tranquille.
« Il m'a dit que ce chèque pouvait tout acheter ici... même votre poste. »
Éléonore resta pétrifiée, la bouche entre-ouverte, incapable de prononcer le moindre mot tandis que le silence s'emparait du couloir.